La realidad sobre las Crisis económicas

¿Por qué se producen realmente las crisis económicas? Una aproximación divulgativa a la teoría austriaca del ciclo económico.

ECONOMIA

Diego Morera

5/13/20269 min read

Las crisis económicas constituyen, probablemente, uno de los principales objetos de interés para la mayoría de estudiantes, teóricos o apasionados de la economía. Y no es para menos. Del mismo modo que muchos médicos sueñan con encontrar la cura para el cáncer, los economistas se ven en la obligación de curar o al menos explicar estas crisis. 

Sin embargo, algo que me llamó rápidamente la atención cuando comenzaron a hablarme de estas crisis en clase fue lo siguiente: las etapas de recesión se presentaban como algo cuasi inherente a la economía. Nuestra misión era simplemente hacerlas "lo menos dolorosas posible". Como un mal inevitable. Marx las vinculaba de forma unívoca al sistema capitalista. Keynes, por otro lado, ponía el foco en los Animal Spirits (instintos más o menos fundamentados en la coyuntura que provocan fluctuaciones en el mercado que darían lugar a contracciones de la inversión y a una posterior recesión). De una forma u otra se dan casi por sentado.

Bajo premisas como estas, tras El Crac de 1929, se fundamenta la intervención estatal en estas crisis. Si estas son inherentes al libre mercado, el Estado debe intervenir como contrapeso: prevenirlas y, en caso de que se desaten, como ocurrió en 2008, aplicar medidas para salir de ellas.

Esto me suscitaba muchas dudas. Estas explicaciones no eran suficientes. ¿Por qué no íbamos a centrarnos en las causas o por qué íbamos a considerar esto como algo casi producto del azar? Esto es lo que me llevó a investigar más a fondo estas crisis. Y para mi sorpresa, no existía una única teoría del ciclo (que era lo que se daba a entender en clase). Para nada existe un consenso entre escuelas sobre el origen o el tratamiento de las recesiones. Sin embargo, esto tuve que descubrirlo de forma autodidacta pues no tuve la suerte de conocerlo en la facultad.

De esta manera, me topé con autores que centraban su teoría en las causas y no en las consecuencias, que decían que estas crisis son evitables puesto que son provocadas y posteriormente agravadas. Este enfoque me parecía mucho más correcto. Pues, si me caigo sistemáticamente con una misma piedra, ¿me centraré en quitar la piedra o en curar una y otra vez mi herida?

Estos autores son los pertenecientes a la Escuela Austriaca de Economía, los cuales se centraron en identificar esa piedra, su procedencia y en dar una receta para retirarla. Pero, ¿qué dice la Escuela Austriaca de economía?

Para entender lo que estos autores proponen, debemos entender varios conceptos que a la mayoría le resultarán más que familiares. En primer lugar, el coeficiente de caja: cuando realizamos un depósito en el banco, este guarda una parte (en forma de reservas) y utiliza, digámoslo de forma simplificada, el resto. Esa parte que guarda recibe el nombre de coeficiente de caja o encaje. Este encaje puede ser del 100%, es decir, guarda todo lo que depositamos. O inferior al 100%, es decir, no mantiene en reservas todo lo que depositamos, lo que constituye un sistema de reserva fraccionaria (otro concepto clave).

Dentro de un sistema de reserva fraccionaria, grosso modo, ocurre lo siguiente: el sujeto A deposita a la vista 100 € en el banco, es decir, puede disponer de ellos en cualquier momento, el banco guarda 10 € (supongamos un coeficiente del 10%) y presta los otros 90 € al sujeto B. Aunque esto constituya una gran simplificación de la realidad, lo clave es entender que A dispondrá de esos 100 € al mismo tiempo que B tendrá los 90 € de medios fiduciarios que el banco ha creado ex novo; es decir, de la nada mediante un asiento contable.

De ahí parte el problema para los austriacos, ya que toda inversión debe ser financiada por ahorro real y no por la creación de medios fiduciarios de la nada. Usemos el clásico ejemplo de Böhm-Bawerk: Robinson Crusoe se encuentra en una isla desierta y, para alimentarse, necesita 10 moras al día que actualmente recoge con sus manos. Entonces, Robinson se da cuenta de que podría mejorar su método de recolección de moras y se propone fabricar un palo con una red que le ayude a coger más por día. Está claro que el tiempo que pase fabricando ese palo, no va a poder recoger moras con sus manos. Por tanto, debe guardar las moras que crea que necesitará para alimentarse mientras fabrica el nuevo bien de capital. Si estima que estará 5 días fabricándolo, deberá ahorrar 50 moras. Ese ahorro puede ser personal, es decir, ahorro realizado por el propio Robinson, o bien puede ser de otra persona en la isla, que ahorra y le financia.

A partir de ahí entendemos que, en la operación descrita hace dos párrafos, nadie está ahorrando para financiar la inversión de B. El banco ha creado nuevos medios fiduciarios que B usará para invertir, mientras A sigue disponiendo de sus 100 €. Nadie ha sacrificado su consumo. Pero llegados a este punto nos preguntamos, ¿y por qué sería problemático que esa inversión no esté financiada con ahorro? Si puede invertirse más sin que nadie ahorre, ¿dónde está lo malo?

Efectivamente, sí que importa si esa inversión está respaldada por un ahorro real o deriva de una creación artificial de sustitutos monetarios perfectos (medios fiduciarios que realizan la misma función que el dinero). En el primer caso, se va a reflejar perfectamente la preferencia temporal real de la sociedad. Si la gente ahorra más, consume menos. Ese ahorro queda disponible para prestar a los inversores, que invertirán en proyectos a largo plazo (o en bienes de consumo duradero, los efectos son prácticamente los mismos). Como la gente consume menos, las empresas que venden bienes de consumo, reducen sus ventas. Por tanto, se liberan factores de producción (trabajadores, por ejemplo) de esas empresas que están obteniendo menos beneficios para irse a etapas más alejadas del consumo. Etapas más alejadas del consumo que son en las que los inversores están usando su nueva liquidez derivada del incremento del ahorro que se ha producido.

Pongamos un ejemplo (Huerta de Soto 1998): Si la gente antes consumía su renta entera, pongamos 100 €, y pasa a consumir 75 € (ahorra 25 €), las empresas dedicadas a la venta de bienes de consumo venden menos. Por tanto, no necesitan tantos factores como antes, así que se desprenden de ellos: despiden personal, por ejemplo. Simultáneamente, ese ahorro que antes no existía (los 25 €), sirve para financiar proyectos a largo plazo. El incremento del ahorro reduce el tipo de interés, lo que hace que muchos inversores se lancen a emprender proyectos de larga duración en etapas más alejadas del consumo. Los factores que ya no se demandan en las empresas cercanas al consumo, ahora se demandan en las empresas alejadas del consumo. Lo que hará que existan recursos suficientes para disponer en esas nuevas inversiones.

Lo contrario pasa dentro de un sistema de reserva fraccionaria. Pueden emprenderse proyectos de larga duración sin que se reduzca necesariamente el consumo (o dicho de otra forma, sin que incremente el ahorro). Esto, de forma muy resumida, hace que ocurra lo siguiente: digamos que el consumo de la sociedad sigue siendo 100 €, no se reduce. Los bancos crean nuevos medios fiduciarios de la nada, que utilizan para prestar a los inversores a tipos de interés bajos (que no reflejan el ahorro real de la sociedad). Esto hace que los empresarios quieran emprender proyectos a largo plazo y usen esos medios creados por el banco para hacerlo. Como puede intuirse, no se han liberado factores de las etapas próximas al consumo, pues la gente sigue consumiendo lo mismo. Las ventas de las empresas próximas al consumo, no han caído. Simultáneamente, los empresarios están emprendiendo proyectos a largo plazo a través de esos préstamos concedidos por la banca (creando medios fiduciarios de la nada).

¿Qué ocurre? Que si no hay nuevos factores disponibles en esas etapas alejadas del consumo, muchos más empresarios estarán pidiendo préstamos para emprender proyectos con los mismos factores. Esto hará que el precio de estos factores se incremente y que las inversiones que parecían rentables ya no lo sean.

Veámoslo con un ejemplo. Imaginemos que hay un total de 10 trabajadores y 1.000 ladrillos disponibles para fabricar casas. Esto no va a cambiar de la noche a la mañana porque el banco incremente los medios fiduciarios en circulación. El banco crea de la nada estos medios y los presta a diversos empresarios que los usarán para construir casas (en este ejemplo). Los primeros empresarios podrán comprar estos ladrillos y trabajadores a los precios actuales. Sin embargo, mientras más empresarios vayan accediendo a estos préstamos, los ladrillos y trabajadores restantes subirán de precio. Y si yo, como empresario, pedí prestados 1.000 € para comprar 5 trabajadores y 500 ladrillos (a precios de antes), me doy cuenta de que ahora necesito 1.500 € para comprar esos factores. Y lo mismo le ocurre al resto. Nos damos cuenta de que no podemos culminar nuestros proyectos y que necesitamos pedir más dinero prestado al banco. Pero claro, no hemos devuelto el préstamo inicial y presumiblemente muchos empresarios que no podrán culminar sus proyectos y obtener beneficios, tampoco los devolverán. Por tanto, llegará un punto en el que el banco tenga que cortar con ese crédito y no seguir concediéndolo a tipos bajos que no reflejan, como se ha dicho, el ahorro de la sociedad. No es casualidad que viéramos tras la crisis de 2008, edificios a medio hacer o urbanizaciones enteras que no encontraban demanda.

Esto es a lo que los austriacos llaman malinvestment o mala inversión generalizada. El banco ha creado la ilusión de que había más ahorro del que hay. Lo que ha llevado a las consecuencias anteriormente expuestas. Esta expansión o burbuja, en algún momento tiene que pinchar y es ahí cuando entramos en la etapa de recesión.

Es el banco central quien respalda todo esto. Este es el prestamista de última instancia de los bancos comerciales. El mensaje implícito es claro: no importa si creas medios fiduciarios de la nada y eres irresponsable expandiendo crédito, yo, como banco central, te cubro y te inyecto liquidez si es necesario. Por tanto, es esta intervención la que alienta y agrava estos ciclos y sus correspondientes recesiones. Pues la magnitud de la crisis sería, y de hecho siempre lo ha sido, mucho menor sin alguien que salvaguarde a los bancos y avale sus imprudencias.

Una vez hemos llegado a que la burbuja estalle, lo que debe hacerse es todo lo contrario a lo que muchos políticos, asesorados por sus macroeconomistas, han hecho. Ya que, a través de políticas, en especial de carácter fiscal, han tratado de hacer que los factores de esas inversiones que han devenido no rentables, se mantengan ahí. Por ejemplo, puestos de trabajo. Si entendemos que a raíz de esa bajada artificial de tipos, se han emprendido una gran cantidad de proyectos no rentables, la solución nunca debe ser tratar de perpetuarlos, manteniendo a los trabajadores, así como otros factores, en esos proyectos. Pues lo necesario para salir de estas recesiones es flexibilidad para que estos factores comiencen a reubicarse en nuevas áreas de la economía que comiencen a ser rentables. Es por ello, entre otras cosas, que los países con mayor rigidez en su mercado laboral han tardado más en recuperarse de estas etapas.

Cabe destacar que existen otras perspectivas del ciclo económico dentro de visiones liberales. Muchos sostienen que no es la reserva fraccionaria lo que causa estos ciclos, sino que es el descalce de plazos. Es decir, que los bancos tomen prestado a corto plazo mientras prestan a muy largo plazo (de forma muy resumida). Y sostienen que, sin un banco central que apoye la imprudencia de estos bancos, podrían operar perfectamente con reserva fraccionaria, ya que estos serían lo suficientemente disciplinados con su liquidez y que por tanto, no tendríamos estas grandes recesiones o crisis. Y más allá de que esté o no de acuerdo con esta visión (actualmente no lo estoy, pero mi pensamiento puede evolucionar), vemos que pone el foco en un "mismo sitio": es la existencia del banco central la que avala que los bancos sean imprudentes y den lugar a estos desastres económicos.

Por tanto, lo que parecía inherente al mercado y lo que el Estado debía prevenir y arreglar, resulta que es causado por el privilegio que ese mismo Estado le da a estos bancos para cometer imprudencias. Paradójico.

Este artículo no pretende explicar el ciclo económico austriaco. He hecho una aproximación muy superficial del mismo. Faltan muchas cuestiones por comentar y muchas de las comentadas pueden extenderse, así como matizarse. Mi idea es acercar de forma muy resumida una perspectiva que no suele tenerse en cuenta en las universidades (cuando a mi juicio, es la más correcta de todas las escuelas, obviando que no conozco todas las teorías a fondo), a personas que comienzan a interesarse por la economía.

Para conocer mejor esta teoría te recomiendo:

-Von Mises, L. (1949). Human action: A treatise on economics.

-Huerta de Soto, J. (1998). Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. Unión Editorial (aquí podrás descargarlo de forma gratuita: https://www.jesushuertadesoto.com/libros/)

- Huerta de Soto, J. JHS Oficial | La Teoría Austriaca del Ciclo Económico: https://youtu.be/8uws1UTH54s?si=EVUS14e88xmPJBOc 

                                                                             Autor: Diego Morera. 

Agradecimientos a Matías Margallo por sus sugerencias de redacción y estilo.