La gran mentira del monopolio
Todo lo que has oído de monopolio está mal. En este artículo te explico porque.
ECONOMIA
Diego Morera
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El monopolio es comúnmente interpretado como algo negativo. Algo que ocurre en "los mercados salvajes" que el estado debe prevenir. Pero, no es del todo así. A esa connotación de la palabra se ha llegado tras un largo proceso de malas definiciones e interpretaciones tanto de fenómenos como de conceptos del mercado.
Siempre es buen comienzo recurrir a la base etimológica de la palabra: Proveniente del griego, compuesta de mono (uno) - pōlein (vender), definimos monopolio como mercado, sector o zona donde solo hay un oferente o un vendedor. A diferencia de muchas definiciones modernas, esta se ajusta a la realidad etimológica de la palabra. El problema en este caso, son sucesivas interpretaciones, decisiones y redefiniciones que han desviado totalmente su significado y han justificado acciones que no lo están.
No está de más recordar, antes de abordar el tema, que quienes han justificado estas acciones definen la competencia perfecta como una en la que "todas las empresas son iguales, los precios solo varían por la oferta y demanda y todos los productos son idénticos". Por tanto, ya empezamos con mal pie, quienes afirman esto, deben errar en todo lo que planteen a partir de aquí.
Y efectivamente lo hacen. En primer lugar, ya es complicado determinar cuando se da un monopolio, pues la delimitación de un sector o industria es eminentemente subjetiva. ¿En qué sector se encuentra Porsche? ¿automovilístico? ¿automóviles de lujo? ¿automóviles de lujo alemanes? ¿automóviles de lujo alemanes deportivos? Podemos subjetivamente cambiar los límites que trazamos para definir una industria o sector, luego ya partimos de una base complicada para detectar monopolio.
Aun así, vamos a intentarlo. Aunque no se recoja en la definición más básica, el monopolio es interpretado como una situación donde solo existe un vendedor que puede explotar a los consumidores cobrándoles un sobreprecio. Estos no tendrán opción, pues no hay otro vendedor. No suena del todo bien, pero el estado nos protege y no permite que ocurra...
¡Mentira! El estado, es el causante por excelencia de estos monopolios. Analicemos que ocurriría en un mercado completamente libre, donde el monopolio per se no sería algo negativo (y no se mantendría durante mucho tiempo si lo fuese). Pues en un mercado libre, que en un momento y sector concreto sólo encontremos un vendedor, únicamente quiere decir es el que mejor y más barato está satisfaciendo la demanda. Si esta situación se volviese abusiva y ese monopolista comenzase a aumentar de sobremanera los precios, inevitablemente surgiría un competidor que ofreciese el producto/servicio más barato (y aunque existieran cierta barreras de entrada no tardaría mucho en desplazar a un vendedor que vende a sobreprecio). A este monopolio solo se podría llegar barriendo a los competidores haciéndolo mejor que ellos. Y si una vez estás en esa posición, abusas del consumidor, surge otro que te desplaza.
Por tanto, salvo circunstancias extraordinarias, no hay posibilidad que un monopolio abusivo se mantenga a largo plazo en un mercado libre. Esto solo podría ocurrir si ese monopolista poseyese todas las reservas de un recurso en TODA la tierra y por tanto nadie pudiera fabricar el producto (algo improbable).
¿Cuando es un monopolio negativo? Cuando este no se da en mercados libres. Porque en un mercado que no es libre, no tenemos una causa única, que es simplemente hacerlo mejor y más barato que el resto (que sería lo más natural y beneficioso). Entran otros factores y actores en juego. Como por ejemplo: concesiones especiales, protección del monopolio de las ideas y propio monopolio por parte del estado. Esto si que dificulta o imposibilita el surgimiento de nuevos competidores que hagan las cosas mejor o más baratas.
El estado dice luchar contra estos monopolios pero es quien acaba, a base de papel, convirtiéndose en el principal monopolista. ¿Quién recoge la basura en los municipios? ¿Puedo comprarme un camión, un terreno y empezar a intentar recoger la basura mejor que el estado? ¿ofrecer una propuesta de valor distinta? La respuesta es evidente, no puedo. Entonces, quien no permite la libre competencia y el surgimiento de nuevas ideas/propuestas en los sectores con los que ha podido hacerse, en teoría, debe protegernos de que surja el monopolio. Es paradójico.
Hemos normalizado tener que pagar por un servicio que puede ofrecerse de la manera que quiera el oferente, pues los consumidores están obligados a pagar y no pueden cambiar de proveedor (este oferente no lo permite). Y a que sea el que crea estas situaciones de monopolio negativo, quien nos proteja del mismo.
Además de ser el monopolista en muchos ámbitos (si pudiera abarcarlos todos, lo haría), también es el causante de otros. Cuando concedes ventajas y licencias de propiedad de las ideas (que no son escasas), estás favoreciendo claramente que ese oferente se distancie del resto. Y que el resto no puede coger las ideas del primero y mejorarlas. Por tanto, estás contribuyendo a que el progreso de la sociedad sea más lento.
Si una empresa descubre un proceso de producción nuevo ya juega con una ventaja inmensa. Cuando esa idea llegue a los competidores, quien la descubrió estará a "años luz". Lleva implementando ese proceso más tiempo y lo tiene completamente "masterizado". Si el resto quisiera alcanzarle, tendría que mejorar ese proceso productivo aun más. Si a esta ventaja natural le sumamos un licencia que impide al resto usar una idea (repito, algo no escaso), estamos creando un entorno propicio para el monopolio (que luego multaremos, por supuesto) y para el no desarrollo.
Todo lo anterior sin mencionar la elección sistemática de empresas amigas de la administración de turno para la realización de obras públicas por un precio absurdamente elevado. Otro monopolio negativo.
Por lo tanto, no nos asustemos cuando oigamos la palabra "monopolio" (esta en sí misma no es negativa). Debemos asustarnos cuando la oigamos en un entorno de intervencionismo.
El lobo que nos protege de los ataques del lobo. Un representación particular de lo que es el estado en general.